Revue de la B.P.C.                             THÈMES                                             X/2000

 

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XXI CONGRESO INTERNACIONAL DE HISTORIA DE LA CIENCIA

 

 

par Ramon ABARCA FERNANDEZ

Professeur de Philosophie à l'Université d'Arequipa (Pérou)

 

 

 

Los días que corrieron entre el 8 y 14 de julio de 2001, la ciudad de México se convirtió en la capital de la ciencia, pues congregó la visita de muchísimos congresistas que procedentes de casi todos los países del mundo abordaron cada una de las temáticas programadas para las diferentes simposia.

Su organización estuvo a cargo de la “Unión Internacional de Historia de la Filosofía y de la Ciencias”, “División de Historia de las ciencias”, bajo la magnífica presidencia ejecutiva del Dr. Juan José Saldaña, docente de la Universidad Autónoma de México.

El bosquejo de la guía congresal da cuenta que se abordaron los múltiples dominios del saber: desde los trabajos de elaboración metódica hasta aquellos de pura reflexión filosófica, de la química a la biología, de la matemática a la física, sin olvidarse de las artes, entre otros.

Los muy acogedores ambientes del Palacio de la Artes, el Palacio de Minería y el Palacio de Medicina fueron la base estructural para poder dar cabida a toda la estructura del saber de conformidad a la distribución que previamente se había confeccionado y contando cada congresista con los abstracts tanto de las conferencias magistrales como de las ponencias en dos libros elegantemente presentados que fueron entregados a cada uno de los participantes junto con una excelente artesanía en piedra mexicana el primer día de la efemérides académica.

La primera conferencia magistral estuvo a cargo del profesor Roshdi Rashed, quien abordó el tema de “La historia de las ciencias y la diversidad al inicio del siglo XXI”cuyos centrales pensamientos fueron: “Raros son los congresos que, como el nuestro, se benefician de la fecha y el lugar al mismo tiempo. Debe subrayarse como algo digno de mérito que nuestra reunión se realice al cambio de siglo, de un milenio, lo cual es prácticamente único...

Al cambio del siglo XIX, y sobre todo en las primeras décadas del siglo XX, los historiadores de la ciencia descubrieron la importancia que tiene la investigación en los textos y la necesidad de reconstruir la tradición textual de los escritos científicos examinados. Esta tarea se impuso en gran medida bajo el efecto del desarrollo que tuvieron las disciplinas históricas y filológicas...; y ha terminado por convertirse en una adquisición definitiva de la disciplina; ayer presentada por Hultsch, Tannery, Heiberg, ..., hoy presente en los trabajos sobre el Arquímedes de Guillaume de Morboecke y los hechos sobre la obra de Newton, y, más recientemente, por los estudios realizados a los escritos de Einstein, entre otros...

En las ciencias de la vida fue Georges Kanguilhem quien condujo la reflexión; en la astronomía, en la mecánica  y en la física fueron G. Bachelard, A. Koiré, y, sobre todo, T. Kuhn, entre muchos otros...

En la historia de las ciencias las diferentes doctrinas se yuxtaponen, se oponen a partir de opciones dogmáticas y exclusivas, incluyendo peticiones de principio. Según muchos, la historia de las ciencias se presenta como una historia de las ideas en el sentido más banal del término, una historia de las mentalidades; para otros, es la historia de los conceptos científicos, de su formación, su desarrollo y rectificación. Para otros más, con formación de historiadores, los conceptos y su naturaleza importan poco y la historia de las ciencias sería la historia de una producción cultural igual a la de la pintura o de la religión...

La dificultad consiste, y es de envergadura, en poder decir de qué hacen historia los historiadores de las ciencias, pero sin formular una opción arbitraria y sin imponer una metodología ya sea empírica o trascendental. Para evitar estos escollos en los cuales se estrelló el debate metodológico, del cual estoy partiendo, de acuerdo con una fórmula célebre a las “cosas mismas”, es decir, a las obras de ciencia y de las tradiciones en las que se integra...

Otros obstáculos no están ausentes para delinear esta ruta cuyo origen especialmente se encuentra en una dialéctica entre una multiplicidad creciente y una estabilidad fundamental.. Después del estudio de numerosas traiciones se impone un resultado general: una obra de ciencia de cierta envergadura no podría ser explicada en términos de una única tradición conceptual... Toda dificultad radica en aislar este “estilo”, tarea indispensable para poder poner en perspectiva una obra de ciencia, individual o colectiva, y de esa forma expresar su sentido. Esta ruta fenomenológica parece inevitable si se desea dotar a la tradición de su papel ordenador: de ella surge el encadenamiento de los trabajos que le dan urdimbre...

La dificultad permanece entera si no se precisa aún más lo que se entiende por una tradición conceptual a la cual pertenece una obra de ciencia...

Puede decirse que la ciencia futura dicta un principio de orden, una noción de distancia –para usar una metáfora-, que ayuda a situar los saberes protocientíficos. Pero este privilegio de las obras de protociencia no es una afirmación a cargo del historiador, sino al contrario, opera en su favor pues la distinción entre estas tradiciones conceptuales le permiten una mejor identificación en el medio a menudo informe de las tradiciones textuales y técnicas que las soportan...

Con la ciencia, ... la noción de tradición conceptual queda liberada mucho más que la pre-ciencia de la tradición “objetal” correspondiente. El papel de los elementos exógenos no solamente es mínimo sino que, sobre todo, está controlado en el momento de la constitución de los modelos teóricos y de la demostración de su validez. La vigilancia lingüística y técnica protege contra los dioses ocultos...

Al parecer corresponde a la historia de las ciencias hacer suya la tarea de definir si se quiere constituir como una disciplina verdadera. Los trabajos sobre la tradición “objetal”, de los cuales el historiador de las ciencias no puede prescindir, corresponden a otras especialidades sometidas a criterios diferentes, los cuales van de la arqueología a la psicología social, del estudio de los códices a la economía, y muchas más...

El problema de la historia de las ciencias, y en el cual se resume toda su dificultad, es el siguiente: la producción de hechos de la ciencia, bien determinados en tanto que producción de los hombres y el resultado de sus acciones sobrepasa como efecto las condiciones contingentes de su surgimiento, y las trasciende para distinguirse de ellas por sus marcas de necesidad. En breve y claramente, el problema es saber cómo lo contingente surge de lo necesario. El historiador de las ciencias surge entonces como lo que siempre ha deseado ser: ni un “crítico de las ciencias”, como en el caso de un crítico del arte, ni un historiador en el sentido en que lo es un especialista de la historia social; ni un filósofo, como los filósofos de las ciencias, sino  simplemente un fenomenólogo de las estructuras conceptuales, de su génesis y de sus filiaciones en el seno de tradiciones conceptuales siempre en transformación.”

Hemos preferido presentar estos extractos porque entendemos que mejor se refleja el mismo pensamiento del ponente, antes que una síntesis dado que en ésta se estaría manifestando no sólo la interpretación sino la apreciación que sin quererlo se vislumbraría. Por ello ahora sí podemos afirmar que fue una de las mejores conferencias.

Por nuestra parte, incluimos aquí el abstract de la ponencia “Experimento, método, ciencia y epistemología” que tuvimos a bien sustentar:

“La ponencia parte de la hipótesis: Dado el manejo indiscriminado de conceptos, es posible que al hablar de ciencia, este vocablo sea fácilmente manoseado y consecuentemente absolutizado. Aborda dos campos “experimento y método” y “ciencia y epistemología”. El primero precisa la diferencia entre experiencia vulgar y científica retomando la “experientia literata” de Bacón y la “experiencia sensata” de Galileo, con aportes de Cl. Bernard y J. Tannery, para ver la diferencia y necesidad del método como proceso racional que conduce el experimento. Se precisa la característica distintiva del método que propicia comprender el propio proceso de investigación, según M. Grawitz. El segundo, precisa la noción de ciencia como conocimiento objetivo y rasgos específicos. La ciencia, definido su método, define su ámbito y su objeto; reconoce los atributos del método científico: precisión, exactitud y meticuloso cuidado en la experimentación, sin quedarse en pura técnica instrumental. La científica se constituye por teorías que muestran hechos y hechos que controlan teorías. Para Einstein las ciencias coordinan nuestras experiencias en forma lógica. Según F. Renoirte la ciencia expresa todo en números, sin excluir lo cualitativo. Si según J. Ullmo, la ciencia busca sus objetos, los construye y los elabora, se hace necesario la epistemología que para Lalande, entre otros, es “el estudio crítico de los principios, hipótesis y resultados de las diversas ciencias, y determina su origen lógico, su valor y su alcance objetivo”. La ponencia concluye anotando que en las ciencias naturales y sociales, la epistemología examina si una hipótesis se comprueba al finalizar la investigación, y si posee valor heurístico conducente al descubrimiento de leyes y establecimiento de teorías. Cuando una hipótesis no da explicación libre de contradicción, puede seguir existiendo como hipótesis de trabajo.”

No podemos concluir el presente sin reconocer que la organización fue muy fina y la presentación de las ponencias debidamente avaladas por la Comisión científica se fueron sucediendo una tras otra dentro de un orden académico.