Revue de la B.P.C.                                     THČMES                               annexe du II/2010

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Mise en ligne le 17 juin 2010

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"Federico Bellomi, Pintor y Ecultor, no estā mās...."

 

 

por Jean-Marc Trigeaud

 

Traducciōn al Espaņol por Marėa Josefina Cāmara Bolio

Abogada y Criminōloga, Profesora del Instituto Nacional de Ciencias Penales, Mčxico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Miembro del Comitč de Honor de la BPC (Biblioteca de Filosofėa Comparada) desde los orėgenes de esta, y autor de las primeras portadas de la colecciōn de Filosofėa del Derecho, nuestro amigo, el Pintor y Escultor Federico Bellomi, acaba de fallecer, a la edad de 82 aņos, en su ciudad natal Verona.

Muy joven aųn, el quiso intentar esa aventura que fue seguir el itinerario del amor por la pintura de los paisajes franceses. Se hizo minero varios aņos, en el macizo central, y asumiō un trabajo rudo e ingrato, que le proporcionō, no obstante, una experiencia humana sin igual; se gozō, igualmente, en atender la demanda de seguros cuando tratō de proteger a los coperos. Un periōdico italiano titularā asė su retorno: "Un pintor del Renacimiento: de la mina a la Cignaroli". Fuč, en efecto, muy rāpidamente, Titular de Silla en la Academia de Bellas Artes Cignaroli, de Verona, y en su estudio fueron acogidos y se formaron alumnos y artistas de todo el mundo. Su obra colosal recorre los gčneros mās variados: muy pronto, čl compondrā los escenarios de teatro (para las Arenas de Verona y los festivales lėricos internacionales), o los decorados de pelėculas (hizo, especialmente y en gran parte, los decorados del film Senso de Visconti); pero fue un muy distinguido diseņador y grabador, de la escuela de Dante Broglio, dentro de la tradiciōn del Miniaturismo Napolitano, multiplicando en ella, aųn mās, los detalles y soportes estčticos (plumas, "pene guazzati", pasteles, xilografėas); participaba, igualmente, en la ediciōn de libros espirituales o sagrados y en las de renombrados clāsicos literarios (Dante); se revelō, tambičn, en la escultura monumental de mārmol y de bronce. Despučs, ha practicado con pasiōn el ōleo y la acuarela, en las cuales ha retomado, con excelsitud, viejas recetas secretas de los Maestros holandeses, encaminando sus pinceles hacia la muy cercana regiōn de Mantųa, a la orilla del rėo Mincio, desde donde se dirigėa, en lejanos desplazamientos excepcionales, hacia Burdeos, o, mās frecuentemente, al Finisterre bretōn, cerca de los acantilados de Normandėa, a los que profesaba especial afecto, o al corazōn de la sierra espaņola, a donde le acompaņaba toda su familia en las vacaciones de verano. Ha inaugurado entonces una especie de Neo-Impresionismo, Post-Expresionismo y Post-Cubismo originales, que čl ha bautizado simplemente como "La Nuova Forma", jugando con todas las connotaciones, ontolōgicas y plāsticas, que se relacionan con la semāntica de dicha expresiōn. Ha sido, igualmente, devoto del arte del Vitral, como lo demuestra el conocido conjunto de La Vitrata de la Casa Pčrez, en el techo del Hospital de Verona.

            

                      Mas su obra esencial ha sido aquella en la que čl aparecėa, fėsicamente, como toda una fuerza de la naturaleza, capaz de permanecer noches enteras trabajando con sus ayudantes en la cumbre de sus andamios de 15 mts. de altura, dedicado, bien a los frescos, bien a la pintura al ōleo, esta ųltima segųn la tčcnica de la tempera y de la velatura heredada del Quattrocento: se ha desenvuelto asė utilizando los pigmentos de mās raro origen (el lapizlāzuli chipriota o el cobalto nativo del Mediterrāneo oriental) para recubrir varias centenas de metros cuadrados de muros, de paredes, de bōvedas, imaginando miles de personajes, ataviados o desnudos, en los edificios sagrados (cantidad de iglesias de la provincia de Verona, en las mārgenes del lago Garde, o de Mantųa o de Venecia) o en los edificios pųblicos (la sala de audiencia central del Tribunal de Verona, bordeando la famosa Piazza delle Erbe) o los lugares privados, todos prōximos, como la mėtica Locanda Mincio en Borghetto-sul-Mincio, a donde el Profesor Vėctor Vari, de la Universidad de Santa Clara, en Califronia, asistėa con sus estudiantes cada aņo, a dar seguimiento al avance de los trabajos, asė como personas de otras partes de Europa e, incluso, de los Estados Unidos.

 

                 Čl, en fin, no ha dejado jamās de escribir y de presentar sus conferencias de Estčtica. Por todo ello, no cabe ninguna duda de que Italia y la regiōn de Verona, pierden a uno de sus mās grandes creadores de fines del siglo XX. Su obra estā catalogada , figura o ha sido honrada y distinguida, en los principales museos de Europa y de Amčrica (fuera de Italia, del Castel Vecchio de Verona y los museos de Nāpoles y Roma, citamos el museo de Arte Moderno de Barcelona y de Parės, el Metropolitan Museum y el Museo de la Hispanic Society de Nueva York). Pero el compromiso, mās pųblico que privado, de Bellomi, lo ha llevado siempre al recelo y a una especie de retenciōn, incluso de pudor, en el āmbito de un mercado donde a čl le repugnaba que sus obras se encontraran muy pronto; igualmente se comportaba con las entrevistas sobre ese punto, mostrāndose con frecuencia intransigente y firme en relaciōn con un afecto inalienable al interčs pųblico y a los lazos amistosos.

Reconocido como el ųltimo gran fresquista italiano, como un pintor de Arte Sacro Mayor en varios nųmeros especiales de galerėas o de revistas (hasta en l'Osservatore Romano), Federico Bellomi acabō por atraer la atenciōn de los Medios por la conclusiōn de un trabajo de estos ųltimos cinco aņos : los 240 metros cuadrados de frescos de la iglesia Ligagnano, donde acaban de tener lugar sus funerales, celebrados por Mons. Piazzi, Rector de la Biblioteca Capitular que conserva los que, junto a aquellos de Florencia, constituyen el fondo europeo mās antiguo de manuscritos, tambičn mās antiguos, medievales e ilustrados.

 

          Tambičn, Federico Bellomi participaba activamente en la vida pųblica (miembro, durante algųn tiempo, del Consejo Municipal de su ciudad, Verona, donde cada uno le conocėa e interpelaba, las terrazas inmensas de los cafčs de la Plaza de las Arenas, la Piazza Bra, la casa de Julieta y la tumba de los Scaliger, no tenėan ningųn secreto para čl). Ahora bien, he aquė un ųltimo gesto, caracterėstico de su temperamento generoso: hace unos meses, čl se estaba expresando pųblicamente de una manera que habėa sacudido a la opiniōn social y polėtica; invitado en ocasiōn de un debate sobre las leyes italianas relativas a la inmigraciōn y sobre las recientes disposiciones reglamentarias locales hacia las comunidades ārabes, rumanas y gitanas, ante la sorpresa masiva del auditorio, čl se mostrō apasionado recordando el elemental deber cristiano del arropamiento y la hospitalidad, y habėa reclamado a la Iglesia "un documento claro" sobre la necesidad de protecciōn a los inmigrados frente a la sospecha y la hipocresėa; e, igual, habėa lanzado, con furia, las siguientes palabras: "Ustedes, todos Ustedes, tienen la memoria flaca! Ustedes son, nosotros somos, todos, descendientes de inmigrados!".

 

          Como testimonio, justamente, estā uno de sus frescos de Locanda Mincio, con el tema del regreso de Atila vencido, a la vuelta de los campos catalanes, seguido de sus ordas, calificadas altivamente de "bārbaras", y de un Papa Leōn, deseoso de abandonar todo triunfalismo, en las afueras cercanas a Verona, -lugar, igualmente, de la batalla de Solferino, habičndose opuesto la Francia de Napoleōn III a Austria....batalla que produjo cerca de 60,000 muertos en dos dėas-, escena que atestigua una alteridad reconciliada que no ha cesado de acosar la conciencia del Pintor, tal como ella supone acosar, tambičn, el pensamiento apasionado de universalismo de aquello que deberėa demostrar que un positivismo no es mās que el hermano de eso que el "positiviza" y que no es mās que un otro čl mismo[1](3) , (alusiōn a una portada de nuestra colecciōn).

 

               Pero, en fin, hago votos porque me sea permitido retomar el propōsito que extraigo del pequeņo homenaje que, de prisa, he escrito para la ceremonia fųnebre de Federico Bellomi, el jueves 30 de abril, y que implica, esta vez, otra dimensiōn, aquella del creyente, y de un creyente no divisado en sė mismo: "En el fondo de la obra de Federico Bellomi hay un hombre total, un hombre entero; y es precisamente ese hombre integral, el que Federico me ha seņalado un dėa, en una playa de Malcesina, a la orilla el lago Garde: 'Tų ves las proporciones, tu ves ese cuerpo, que es el templo del espėritu', me decėa; 'Y bien, yo hago la cebeza de un 8o. y no de un 7o, porque el hombre no es la cabeza, čl estā tambičn en su cuerpo, y, en el centro de ese cuerpo, habita un Otro, y ese Otro, es Cristo'. Entonces, es, sin duda, el que domina, con todo su poder, pero tambičn, el vencedor de la muerte, el Maestro aquel de esta iglesia de Ligagnano que nosotros hemos sido invitados a contemplar. En su entraņa, desde lo sensible, y en el tormento de lėneas y colores, Federico tenėa, muy internamente, la visiōn de una transfiguraciōn que es mėstica, antes de ser estčtica; čl estaba poseėdo por ese sentido del don profundo al ser, a la vida, a la fuente de la vida; y este hombre, allā, yo deseo testimoniarlo, me ha hecho ver lo invisible".

 

             Regocijāndonos en el recuerdo de su madre, Gabriela, desaparecida hace una decena de aņos, y de su hermano, el fotōgrafo Paolo Bellomi, vėctima poco antes de un trāgico accidente, adherimos nuestro pensamiento sinceramente emocionado a Francesco Bellomi, Pianista y Compositor, Profesor en el Conservatorio G. Verdi de Milān, que mantiene muy viva la memoria y la obra magistral de un padre que no ha cesado de honrarnos, durante 27 aņos, con su presencia y su amistad.

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N. de la T. :  Deseo expresar mi mās profundo agraecimiento al autor de este ensayo, Prof. Dr. Jean-Marc Trigeaud, porque me ha permitido "intentar" traducir, no sōlamente sus inspiradas palabras, sino, lo que es mās difėcil: sus mās profundos sentimientos hacia el amigo que partiō. A la distinguida familia Bellomi, especialmente al Prof. Francesco, me permito asegurar, en nombre de la comunidad Latinoamericana y, mās especialmente, en nombre de un Mčxico pleno de sensibilidad, que nuestro pesar es grande y profundo; porque, si bien Italia ha perdido a uno de sus mejores hombres, todos nosotros hemos perdido un verdadero artista, es decir, alguien que supo "robar" un poco de la Suprema Belleza de Dios para plasmarla en nuetras vidas.

 

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Š THČMES, revue de la B.P.C., annexe du II/2010



 

[1] Puede decirse que Bellomi ha sido un claro exponente de aquella cabalidad de individuo que el autor ha denominado "Prosopôn", en su vasta obra Iusfilosōfica. N.de la T.